lunes, julio 18

A 24 días

Los días, meses o años posteriores a la ruptura inminente siempre son feos. No te queda más que ver (o imaginar, en caso de que hayas bloqueado cualquier medio de comunicación posible entre ambas partes) como la otra persona hace su vida. A veces duele más darte cuenta de que esa persona no siempre fue como pensabas, a veces resulta peor enterarse de que no te quiso tanto como la quisiste tú o al menos como pensabas que te quería.

Vienen a la mente los recuerdos del tipo mas o menos trágico: las veces que deseaste estrangularlo, aquél día que destruyó tus ilusiones llamándote gorda o quizá la vez que pasaste horas al espejo para que el muy mala persona no lo notara siquiera, entonces esos momentos te llevan como un círculo vicioso a recordar y recordar ocasiones similares... el resto es historia. Acto seguido: decepción sin vuelta atrás.

De vez en vez resulta lindo recordar esos eternos segundos antes del primer beso, el dolor de panza antes de verlo, las náuseas, los mareos, la falta de aire y la respiración totalmente entrecortada, el corazón aceleradísimo y la emoción de cada instante. El amor (o cualquier cosa que sea) en toda la extensión de su esencia.

¿Pero para qué acordarme ahora de eso?
A seguir mi vida normal con mi pelo rojo y todo lo demás.


No es una simple tristeza post-rompimiento, es mucho más que eso: decepción. No de mi historia de un par de años y muchos meses más, no. Decepción porque recientemente me han metido hasta lo más profundo de los sesos que "mi mente contaminada con millones de novelas románticas no comprende", porque según la temprana idiotez emocional sólo es eso y se esfuma irremediablemente al pasar los primeros meses en la relación. Pues no, lo siento a montones pero NO es mi estilo. Y no te creo que así sea como funcione.

¡Que va! Ni complicado ni nada, flojera es lo que me causan estos asuntos (casi tanta como la que me causa la situación actual de mi Facultad). Y si a mi me causa flojera, no quiero ni imaginar lo que les causa a mis escasos lectores.


Por lo mientras, yo continúo opinando que todo sería más fácil y delicioso si todas las sandías no tuvieran semillas.

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