miércoles, agosto 3

Puntos varios

A casi dos semanas del estreno de la octava y última película de Harry Potter en las salas de cine, finalmente anoche fui a verla. Hasta ayer porque antes nadie quería acompañarme. La verdad yo nunca me he considerado fan de ésta saga, ni siquiera he leído los libros, sin embargo las películas me gustan bastante y he procurado ver cada una por lo menos una vez.


La película es buena pero debo decir que, en mi opinión, hubiera estado mejor que J.K. Rowling cortara el libro al momento en el que el famoso protagonista muere, obviamente continuando la historia pero desde un enfoque definitivamente mucho más melancólico, dramático e inesperado. Por cierto, inesperada fue como me resultó la historia de Snape (incluso llegué a pensar que él era el verdadero padre de Potter), ya me imagino mirando esa parte con los ojos húmedos, la boca abierta y mi cara de boba.

El caso es que yo me pregunto, ¿por qué siempre finales felices? Un poquito de drama y finales fatales, por favor. Sobre todo si se trata de sagas tan famosas.


Para terminar, tengo un nuevo amor platónico y su nombre es Albus Severus Potter. O mejor dicho: Arthur Bowen. Y eso que prefiero los ojos verdes en lugar de los azules. Y eso que le gano en edad por casi seis años.

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