domingo, mayo 12

Comprendí la causa de algunos de mis males: tengo muchísimo miedo de quedarme sola. Sorpresivamente lo descubrí hoy cuando me quedé así por completo y decidí no encender la TV ni el radio. Sola, preparando el desayuno. Sola, comiendo. Sola, conmigo, muy sola, más sola que nunca desde hace mucho tiempo. Y lo disfruté: seguí sola. Sola, leyendo y sola, presionando los números de mi calculadora científica. Sola, hasta que tanto drama mañanero cobró la cuenta y terminó por dejarme agotada, profundamente dormida sobre el libro. Y comprendí también que los esfuerzos sorehumanos (enfermos) por conservar a las personas cerca de mí no hacen más que lo contrario: alejarlas. Todo porque no entendía que estar sola no es tan malo. ¿Cómo planeas preservar si ni siquiera tú estarías? No es congruente, en realidad es estúpido. Comparaciones inteligentes ahorita no se me ocurren, pero no tengo más por explicar. Las cosas son así: las descubres y pasan a ser parte de ti. Listo, ya está. Hoy crecí un par de centímetros internos (mentales, emocionales o como se les guste llamar). Hoy me quedo por mí y, es cierto, no paro de sorprenderme.

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