Casi odio esa facilidad mía de transmitir los sentimientos negativos aunque no sea un propósito. Sus actitudes me sacan, me crean la peor de las revoluciones jamás vistas y yo solo continúo (contraataco). Entonces escapan de mi boca monosílabos sarcásticos y mal intencionados, pero no quiero que piense que he mutado en un monstruo y me tranquilizo, intento remendar una que otra frase.
Nunca me creí rencorosa. Hoy, eso lo dudo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario