Las palabras habladas se las lleva el viento y las escritas se van directo a la papelera de reciclaje. Dijimos que siempre íbamos a cuidarnos (¿siempre?). Yo sí cumplí.
Al destino pude ganarle pero a ti no. Entonces ni como hacerlo:
queriéndote, hoy dejo de cuidarte.
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