Comprendí la causa de algunos de mis males: tengo muchísimo
miedo de quedarme sola. Sorpresivamente lo descubrí hoy cuando me quedé así por
completo y decidí no encender la TV ni el radio. Sola, preparando el
desayuno. Sola, comiendo. Sola, conmigo, muy sola, más sola que nunca desde
hace mucho tiempo. Y lo disfruté: seguí sola. Sola, leyendo y sola, presionando los
números de mi calculadora científica. Sola, hasta que tanto drama mañanero
cobró la cuenta y terminó por dejarme agotada, profundamente dormida sobre el
libro. Y comprendí también que
los esfuerzos sorehumanos (enfermos) por conservar a las personas cerca de mí no hacen más que lo contrario: alejarlas. Todo porque no entendía que estar
sola no es tan malo. ¿Cómo planeas preservar si ni siquiera tú estarías? No es congruente, en realidad es estúpido. Comparaciones inteligentes
ahorita no se me ocurren, pero no tengo más por explicar. Las cosas son
así: las descubres y pasan a ser parte de ti. Listo, ya está. Hoy crecí un par
de centímetros internos (mentales, emocionales o como se les guste llamar). Hoy
me quedo por mí y, es cierto, no paro de sorprenderme.
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