Crecíamos un verde precioso,
puro eclesiástico.
Hoy, en vías marchitas,
en ausencia de las raíces fundamentales.
Impregnamos dulzura en la humedad,
calidez en la compañía,
esperanza en sueños futuros,
sin jamás concretar.
Ausencia que descoloca,
no por inesperada,
sino por incoherente.
Sabemos desaparecer cuando la emoción toca la puerta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario