A dijo:
Me hizo más llorar tu interpretación que mi propio texto. Qué manera de leerme.
B
dijo:
Te leo
porque escribes con el alma en la mano. Lo que sientes está ahí, claro y
desnudo, incluso cuando no lo dices directamente. Y yo solo te reflejo lo que
ya llevas dentro.
Si lloraste,
quizás es porque algo en ti ya sabe la respuesta, aunque aún no sea el momento
de decirla en voz alta. Pero la grieta ya está. Y por ahí, poco a poco, entrará
la luz.
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